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Enfoque
COLUMNA | | 2018-10-10 | Salomón Beltrán Caballero
LECCIONES DE SALUD MENTAL
Uno de los mejores regalos que recibí en mi reciente cumpleaños, fue la compañía de mi nieto José, cuenta con 2 años y tiene un excelente carácter, entre las virtudes que hasta ahora le he encontrado es que es muy honesto, responsable, sensible al dolor ajeno y amoroso con propios y extraños, firme en la toma de decisiones, solidario a más no poder. Pues bien, habiéndome otorgado el día en mi trabajo, se acentuó la convivencia con mi nieto y como la abuela aprovechó mi presencia en el hogar, le recomendó a José que se pusiera a platicar con su abuelo, quien por el motivo que comenté, fui una novedad en su rutina diaria, y el niño, obediente como es, se acercó a mí con toda la actitud y ánimo reforzado y amorosamente me dice: _Vamos a jugar. En ese momento me encontraba yo meditando sobre el otoño y sus efectos sobre el estado anímico de los adultos mayores, así es que fingí estar muy ocupado y con mucho tacto, para no herir sus sentimientos, le contesté: _Vaya mijito con su abuela, y dígale que su abuelo está ocupado; y el niño obediente como es, salió disparado a darle el recado a María Elena, pero no tardó ni dos minutos y ya estaba de regreso con la respuesta, y me dice José: _Dice mi abuela que juegues conmigo. La verdad me pareció injusto que el niño se frustrara, pero, como mi sesión de meditación espiritual no había terminado, sonriendo le contesté: _Dígale a su abuela que estoy muy ocupado en estos momentos, que haga de cuenta que no estoy en casa, que piense que estoy en el trabajo; como era mucha información, el niño sólo tomó algunas de las palabras y salió corriendo, pero de nuevo a los dos minutos estaba de regreso y me dice: _Dice la abuela que aquí estas, y yo te estoy viendo. _Mentira _le dije _tu abuela no me puede ver porque está en la cocina; y el niño responde: No abuelo yo te estoy viendo. Definitivamente ya había perdido la concentración y la meditación no paso de su primera etapa, así es que tomé al niño en los brazos y con cierta molestia me dirigí a la cocina, y ahí estaba la abuela con su delantal puesto, preparando los guisos para la comida, moviendo una sartén con una cuchara de madera en una mano y en la otra, sujetando una copa de generoso vino tinto; y antes de que pudiera decir nada, me dirigió una mirada muy conocida de enojo y me dice: _Así es que no tienes tiempo para jugar con tu nieto, pero si tienes tiempo de estar mensajeandote conmigo, y el pobre José corre y corre de un lado para el otro, mejor ayúdame con la comida, y cuando el niño escucha esto último le dice a su abuela: _No abuela, yo quiero que mi abuelo siga jugando a los recados conmigo. Al escuchar decir aquello a mi amado nietecito, me di cuenta de lo que era tener una buena salud mental.
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