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Fundación José Saramago, lugar para desasosegar y lanzar ideas
CULTURA | | 2018-07-02 | Agencias
El recinto no sólo difunde su obra, sino que promueve los derechos humanos
Un lugar para desasosegar, para pensar, para lanzar ideas, como su literatura. La forma en que el escritor portugués José Saramago (1922-2010) veía el mundo se mantiene viva en la fundación que lleva su nombre, ubicada en la Casa dos Bicos, en el corazón de Lisboa.

El mismo Nobel de Literatura 1998 –que la creó el 29 de junio de 2007, junto con su viuda Pilar del Río, que ahora la dirige– la concebía como un sitio “no para contemplar el ombligo del autor”, sino para defender los derechos humanos y el ambiente, así como para promover la literatura portuguesa.

Fiel a este espíritu, Pilar del Río (1950) sube y baja los cuatro pisos de la casona del siglo XVI, cuyos cimientos se yerguen sobre unas ruinas romanas y árabes, y muestra la valiosa colección de libros, manuscritos, primeras ediciones, fotografías, audios, videos y cartas del novelista, cuentista, poeta y dramaturgo.

Detrás de cada fotografía que el autor de Ensayo sobre la ceguera se tomó con los escritores Juan Gelman, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Ernesto Sabato, Rafael Alberti, Nadine Gordimer, Mario Benedetti, Amos Oz, Nélida Piñón, Jorge Amado, Salman Rushdie o Susan Sontag hay una historia de amistad.

Los recortes de periódicos y las imágenes que ilustran su defensa por la democracia en Brasil y su respaldo al movimiento indígena de Chiapas, por citar sólo algunos ejemplos, hablan de un autor con valores.

Las cerca de diez mil piezas que alberga este edificio de fachada de aristas y puntas, sede de la fundación desde 2012, dan vida a un centro cultural sui generis que se ha convertido a la vez en biblioteca y sitio para la investigación. También se recrea el viejo despacho donde Saramago, en una máquina de escribir Hermes, redactó sus primeros libros.

En la pared yo no pongo nada por pura estética. Me interesa aquello que dice algo”, aclara Del Río. “Pretendemos destacar que el éxito no es lo importante, porque no depende de nosotros. Lo vital es el trabajo que hagamos”, agrega.

La periodista y traductora española destaca que el trabajo marcó la vida de Saramago desde pequeño. Esto queda demostrado en los cuadernos de notas que se exhiben y en las traducciones que realizó. “Él tradujo durante años sin fin”.

Se pueden observar además los originales de los poemarios del autor de Poemas posibles (1966), Probablemente alegría (1970) y El año de 1993 (1975). “Fue un poeta tardío y escueto, sólo tiene dos libros de poesía y un tercero que ya es un paso a la narrativa”.

La promotora cultural llama la atención sobre la parte dedicada al periodismo. “Fue muy importante para él haber trabajado en este oficio. Nunca fue periodista. Nunca hizo una entrevista, pero dirigió periódicos y suplementos culturales. Y se obligó a ver la realidad desde distintos puntos de vista. Tomó a la crónica como un aprendizaje. El periodismo fue importante para su estilo literario”, explica.

Quien conoció al autor de Memorial del convento en 1986, y se casó con él dos años después, comenta que este año tiene un significado especial para la Fundación José Saramago, pues se conmemoran dos décadas de haber recibido el Nobel de Literatura.

Por esta razón, lo que más los ocupa es la consolidación de la Declaración Universal de Deberes Humanos, basada en la propuesta que Saramago presentó el 10 de diciembre de 1998, cuando recibía el Nobel en Estocolmo, que establece las responsabilidades de los ciudadanos en la transformación del mundo para alcanzar la paz.

El documento, redactado por juristas de diversos países, y acogido por la UNAM, fue presentando por Del Río ante la ONU en abril pasado. Y espera, dice, que sea proclamado el próximo 10 de diciembre, cuando se cumplen 70 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos.