Que padre ser padre
COLUMNA | | 2017-06-19 | Arnoldo Huerta Rincón
“Un buen padre vale por cien maestros” Jean Jaques Rousseau

Se levantó con resaca, un día antes había tenido festejo de un buen amigo suyo, Don Roberto se sintió muy feliz en ese convivio, mucho tiempo pasó sin convivir con sus amigos de la infancia, una alegría que no sentía en años; desde el fallecimiento de su hijo Antonio, nada era igual para él. Antonio era el mayor de cuatro hermanos, después de él seguía José, Alejandro y, como un pilón, Sofía, siempre estaba orgulloso de ellos

Necesitó muchos años para comprender, que la vida te da y te quita, que los tiempos de Dios son perfectos, que nada es para siempre. Sí, Don Roberto lo sabía, siempre fue respetuoso de las decisiones del Señor, pero esa no la comprendía, ¿por qué se llevó a Antonio? Gritaba en silencio, en su soliloquio, nadie escuchaba su llanto, después de 5 años, aún su herida sangraba, aún su alma se inquietaba cada que el viento le recordaba a su hijo.

Murió muy joven, Antonio solo tenía 32 años, no tuvo si quiera la dicha de ser padre, de ser esposo, de trascender; a pesar de su corta edad, había logrado muchas cosas, todas sus decisiones, correctas o no, las justificaba en nombre de la justicia, en nombre del bien, en lo que él creía que era lo correcto; lo criticaban por muchas razones, por ser ingobernable en sus emociones, sin embargo, nadie dudaba de su integridad, fue un ser humano de bien.

Pero Don Roberto sabía que era y fue un buen padre, que a pesar de la prematura salida de Antonio, todavía gozaba de la salud de José, Alejandro y Sofía, y como omitir mencionar a su amada Fernanda, su amor de secundaria, de toda la vida, la madre de sus hijos. La vida le había dado tantas bendiciones, la vida lo había hecho padre, una palabra que vale más que mil riquezas, estaba orgulloso de eso. Se dijo a sí mismo: “Chingada, es domingo, ando crudo, es día del padre y tenemos comida familiar”, en tono amargoso (la edad ya pagaba factura) se quejaba con su mujer, pero por dentro sabía que estaba muy feliz de que en pocas horas vería a su familia reunida, que sus hijos que vivían fuera, únicamente habían venido a eso, a convivir con él.

Después de unas horas, de echarse un baño y de recuperarse de esa maldita cruda que no lo dejaba ni respirar cómodamente, bajó a la cocina, encontró a todos ya sentados, José y Alejandro (como jóvenes vigorosos que se creían) se acercaron a saludarlo, cálidamente pero sin demasiada expresión, en cambio Sofía (siendo la más chica y la consentida del papá) corrió a una velocidad indescriptible a columpiarse de su padre, tenía un mes que no lo veía, tenía vacaciones de la Universidad y quería ver a su progenitor, le dijo a Don Roberto: “Te extrañé mucho papá”, y lo colmó de besos, Don Beto le respondió con un beso en la frente, y como hombre forjado a la antigua, aguanto las ganas de derramar algunas lágrimas.

Durante la comida, una combinación de carcajadas, discusiones y hasta jaloneos de pelo, le hicieron ver a Don Roberto lo afortunado que en realidad era, incluso con tono afable, recordaron a Antonio, sabían que recordar era vivir. Al final, el padre de familia volteó melancólicamente a hacia la ventana que dejaba entrever la luz del sol, y remembró aquel gran poema de Amado Nervo y gritó a los cuatro vientos agradecido (sus hijos no comprendían que pasaba): ¡Vida, nada me debes; vida estamos en paz!

FUERA DE LUGAR: Para el ojo público, privar de la vida a otra persona, puede ser de los delitos más graves que existen, pero ¿lucrar con la democracia no destruye vidas en masa? México, tenemos que despertar.

RECOMENDACIÓN SEMANAL: La nueva canción “Cuxillo” del grupo mexicano Porter es de gran de calidad, siguen demostrando porque son considerados por muchos el mejor grupo de rock experimental del momento en nuestro país.

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