Enfoque: Viernes Poético
COLUMNA | | 2017-06-16 | Salomón Beltrán Caballero
El pequeño hijo ve con admiración al padre, que con su fuerza y poder lo levanta fácilmente por el aire, pero pasado el tiempo el roble se vuelve frágil y cuando parece fenecer, al ver a su hijo inestable, saca de su espíritu el poder, para regresarle la paz deseable.

MI VIEJO

Lejos veía el día, en que me ganara a pulso el puesto
que ocupara entonces, con orgullo mi gran viejo.
Recuerdo le pedía ayuda, y rápido aparecía el gesto,
frunciendo como lo hacía, de la frente el entrecejo.

La verdad, yo no sabía, si a mi solicitud era tan presto,
o si al pedirlo, me estaba jugando sólo mi pellejo.
Ah, pero él sabía cómo estar preparado y dispuesto,
presumiendo de amistades, orgulloso en el espejo.

Amigos tenía muchos, sin distingo de todo presupuesto,
y todos lo querían, como al más fino vino anejo.
Lejos veía yo el día, en que mi hijo, para ser honesto,
le pidiera ayuda a su padre, ahora su querido viejo.

¿Qué no hará un padre, por su hijo predispuesto,
a sufrir los embates de un piso social tan disparejo?
En apego a la verdad, entregar de su vida el resto,
para quitarle la presión, de problema tan complejo.

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